Aprender a vivir
“Aprender a vivir” es el título de un libro de Luc Ferry. En él, el autor se propone explicar lo fundamental de la filosofía de manera que resulte asequible para cualquier persona. Para ello, el autor hace un recorrido por el estoicismo, la filosofía cristiana, la Ilustración y Nietzsche, para acabar presentándonos su propia propuesta, la de un humanismo trascendente.
Cada filosofía se presenta desde tres perspectivas, vinculadas entre sí: teoría, ética y salvación o sabiduría. Luc Ferry insiste en que este último aspecto, el de la doctrina de la salvación o sabiduría estuvo presente en los primeros momentos de la filosofía, pero ha quedado apartado del interés de la filosofía moderna. Con otras denominaciones, el autor pretende mostrar que sigue siendo una de las dimensiones fundamentales del pensar filosófico.
Tras la deconstrucción operada por Nietzsche, Ferry nos presenta un humanismo abierto a la trascendencia. Según él, el materialismo tiene una contradicción muy grave: la de afirmar a la vez que sólo somos materia y el mundo carece de sentido, y seguir aceptando que en la práctica hay valores por los que puede ser necesario sacrificar la vida. Debe haber, por tanto, valores que nos trascienden, valores que son previos a que nosotros los valoremos o no, que de alguna manera nos vienen dados y no son creados por nosotros. Reconozco que en esta última parte, el autor me ha resultado menos preciso. Puede ser por falta de familiaridad con el pensamiento de E. Husserl, a quien Luc Ferry toma como punto de partida para explicar el cambio de perspectiva respecto a Nietzsche. En algunos momentos resulta algo poético, falto de claridad.
Un aspecto a resaltar es que Ferry intenta mostrar la aportación positiva que presenta cada una de las filosofías expuestas. De cada una de ellas se puede aprender algo, si bien las posteriores se plantean como superación de las anteriores.
El libro resulta interesante y, aunque sólo ofrece pinceladas sobre algunas teorías, intenta mediante ellas abarcar todos los momentos de la historia de la filosofía teniendo en cuenta todas su dimensiones.
La autoridad en la educación
No, no se preocupen. No es que yo también esté ahora con la historia de la autoridad porque se le ha ocurrido a nuestros políticos. Incluso el Rey habla ahora de un pacto de Estado sobre la educación. Y el Defensor del Pueblo.
Se trata del título del último libro que he leído. Es de Gérard Guillot, de la Editorial Popular, y tiene el subtítulo “Salir de la crisis”. El autor, frente al autoritarismo y el laissez-faire, apuesta por recuperar una autoridad del buen trato.
El autor se aleja de aquellas posturas que rechazan el ejercicio de la autoridad por complejos del pasado. Guillot sostiene que la educación se orienta a formar personas realmente libres, pero para ello hacen falta límites. Si no se ponen en el momento y la forma debidos, la persona acaba siendo esclava de sus deseos, necesitada de su satisfacción inmediata, e incapaz de soportar la frustración o simplemente la satisfacción diferida en el tiempo. Los limites y la autoridad son necesarios para que las personas crezcan. Cuando no existen, surgen los nuevos dictadores.
Por otro lado, el autor rechaza el ejercicio de autoridad basado en la pura tradición. Considera que la autoridad debe tener un respaldo legal. El profesor y el padre no pueden estar al mismo nivel que los alumnos. Pero su acción está sujeta también al derecho. No se trata de volver a ejercicios de autoridad del pasado. Se trata de una autoridad que parte del respeto a las personas, pero que no tiene por qué tolerar su conducta, cuando ésta resulta perjudicial para la persona o para quienes le rodean.
Según Gérard Guillot, la autoridad tiene algo de arte. Pero, ojo, el arte tampoco se improvisa. Es preciso prepararse, revisar prácticas, cuestionarse…; exige profesionalidad. Junto a esto, no hay que olvidar que tanto el profesor, como el padre, como el alumno o hijo son personas. Los resultados no son automáticos. Se producen avances y, con frecuencia, retrocesos. Nos podemos sorprender con conductas que se alejan del respeto, con pérdidas de control o con unos nervios exasperados. Hay que contar con que eso puede ocurrir. Es cuestión de no echar la toalla.
Ahora los políticos abogan por el reconocimiento del profesor como autoridad pública. Está bien, pero será insuficiente. El desencadenante ha sido la reflexión hecha por Enrique Múgica, el Defensor del Pueblo, a raíz de los conflictos que se produjeron en Pozuelo de Alarcón. El Defensor del Pueblo hablaba de recuperar el respeto al profesor, empezando por hablarle de usted. Pero hay una cierta falta de lógica en todo lo que se ha montado después: a fin de cuentas, los jóvenes que lanzaban botellas contra la policía estaban atentando contra una autoridad pública, y no parecía importarles demasiado. Los resultados penales han quedado en casi nada. Mientras el respeto a la autoridad no se vaya gestando en casa, desde pequeños, difícilmente tendrá resultados, aunque se haga a golpe de decretos. El apoyo legal es necesario, pero resultará siempre insuficiente.
Por lo menos, la lectura del libro, me ha animado a revisar algunas prácticas personales, a volver a plantearme cambios en el trabajo, y a animarme a empezar el curso de otro modo. Después ya iré encontrándome con esas situaciones y esos alumnos que se sienten ya de vuelta del sistema educativo y habrá que ver qué hacer con ellos, sin tener que estar permanentemente culpabilizándonos de que el sistema educativo ya no puede con ellos. A fin de cuentas, educar es algo que los profesores, por sí solos, no pueden hacer.
La prueba
Anoche vi “La prueba”, una película con algunos años (es de 1991), dirigida por Jocelyn Moorhouse. En ella Martin (Hugo Weaven), ciego de nacimiento, se dedica a fotografiarlo todo. Casualmente se encuentra con Andy (Russell Crowe), que trabaja como freganchín en un bar. Martin le pide que le describa todo lo que ve en las fotos, con la condición de que siempre le diga la verdad. El camarero cumple con su palabra, excepto en una ocasión. Cuando Martin descubre la mentira, le echa en cara que a partir de ahora ya no podrá confiar en él, pues no sabrá si le dice la verdad o no. Andy le contesta que no puede saberlo; todos mienten, aunque no todo el tiempo, las cosas son así.
Martin ha vivido obsesionado con la idea de que su madre le mentía cuando le describía lo que se veía desde la ventana de su casa. Ha buscado una prueba definitiva que le garantice la verdad; pero esa garantía total no existe. Cuando hay otras personas por medio, siempre tiene que haber una margen para la duda y para la confianza. No podemos estar absolutamente seguros de todo lo que recibimos de los demás. Como mucho podemos confiar en que la mayor parte de cuanto nos dicen es verdad; pero no podemos exigirles una sinceridad absoluta, pues son también personas, en las que sus emociones, sus sentimientos, se entrecruzan con su forma de ver la realidad y con sus deseos de expresarla tal como la ven.
La actitud de Martin recuerda a Descartes, con su duda metódica y su deseo de encontrar una evidencia inconmovible que dé soporte a todos sus conocimientos. Descartes encontró esa evidencia en el “cogito, ergo sum“, pero se encontró solo con su descubrimiento. Para poder abrirse al resto de la realidad, tuvo que confiar en otro, en el ser más perfecto que cabe pensar, para que vinculara sus pensamientos con la realidad. Con el ser más perfecto, Descartes cree evitar la debilidad que presenta Andy en la película: el ser más perfecto no tiene necesidad ni deseos de mentir.
Nosotros no podemos salir de la duda. Siempre habrá un margen para ella, margen que debe suplirse mediante la confianza. Sólo una pequeña parte de nuestros conocimientos hemos podido verificarlos personalmente. El resto, lo hemos recibido de otros. Y esa certeza absoluta desaparece sobre todo en las cuestiones que nos resultan más importantes, las de nuestras relacones personales. Es la confianza que nos merecen las personas, las que sustentan nuestras certezas. Pero no podemos exigirles una sinceridad absoluta. Es posible que, como Andy, en algunos momentos necesiten mentirnos para protegernos. No lo sabemos, sólo podemos confiar en ellas.
Una película interesante. Aparece otro personaje, una mujer, cómo no. Pero vale la pena dedicar un tiempo a ver una película diferente.
Dependencia de la senda
Junto al árbol de decisión, otro tema que me gusta del libro de Juan Antonio Rivera es el de dependencia de la senda. Cuando comenzamos nuestra vida-relato, no partimos de cero; nos encontramos en una situación que nos viene impuesta, con una carga genética que nos abre unas posibilidades, pero nos limita otras. Pero además, en el desarrollo de nuestra vida, las decisiones no las tomamos desde el vacío. La experiencia acumulada, los hábitos que se nos han enquistado (los buenos y los malos), los temores y las ansias que hemos integrado… todo eso y más condicionan nuestra capacidad de decisión. Lo que empezó siendo simplemente un juego, algo que empezamos a hacer sin pensar, se ha convertido en una forma de ser de la que difícilmente podemos deshacernos.
Volviendo al árbol de decisión y pensando sobre todo en los alumnos de nuestros institutos. En la entrada anterior he hablado del azar. Situaciones que en un determinado momento consideramos una bendición, a la larga pueden convertirse en un castigo; y a la inversa. No podemos prever todas las consecuencias que se derivarán de una decisión o de un acontecimiento. Ante esto alguien podría pensar que no vale la pena prepararse para nada, porque al final el azar determinará que nos vaya bien o mal en la vida. Sin embargo, hay decisiones que, en el marco actual que nos toca vivir, nos abren a más posibilidades que otras. Así, estudiar, sea una carrera o formarse para un trabajo, abre más posibilidades para encontrar un trabajo y para disfrutar de los bienes que tiene nuestra sociedad, que quedarse con los brazos cruzados. Lo importante es desarrollar nuestras capacidades, de manera que las podamos tener a punto cuando nos encontremos ante situaciones nuevas. Especializarse sólo en un área, puede ser un problema cuando se produce un cambio en la sociedad o en la economía que valora más otros aspectos que habíamos descuidado antes.
Vuelvo a aconsejar la lectura de “El gobierno de la fortuna”.
El árbol de decisión
He acabado hace unos días la lectura del libro de Juan Antonio Rivera “El gobierno de la fortuna”. En este libro encontramos muchas de las ideas que, relacionadas con el cine, el autor desarrolla en sus dos libros “Lo que Sócrates diría a Woody Allen” y “Carta abierta de Woody Allen a Platón“. Hay una idea que el autor desarrolla y que me resulta especialmente agradable: es el árbol de la decisión.
Ya hace años, hablando con los alumnos sobre qué es la vida, recuerdo que les dije que para mí la vida es como un relato. Ese relato se entrecruza con los relatos de otras personas. Y así se va configurando nuestra vida. Con el paso del tiempo, mirando hacia atrás, descubrimos que lo que somos (nos guste o no lo que somos) es el resultado de miles de interacciones que se han producido en el pasado. Cuando hace años tomamos una decisión, actuamos de una determinada manera, no podíamos prever las consecuencias de aquellas elecciones. Dejamos de lado un conjunto de posibilidades y se nos abría otro. Y así en cada una de las elecciones que hemos realizado. Pero sería demasiado pensar que somos principalmente fruto de nuestras decisiones. Hay que dejar paso al azar. El azar a veces puede jugarnos malas pasadas. Con frecuencia pienso en los accidentes de coche. Si en lugar de estar en ese momento ante un determinado obstáculo llegas un segundo antes o un segundo después, igual no ocurre el accidente. Pero no lo sabemos hasta que ha pasado todo. ¡Cuántos encuentros se dan en nuestras vidas sin que podamos preverlos! ¡Y cómo condicionan nuestras decisiones! Más de una vez tenemos la sensación de que no deberíamos estar ahí; pero estamos. Con el paso del tiempo nos creamos la ficción de que todo esto tiene un sentido, está dotado de unidad, como ocurre con las novelas, en que al final descubrimos la relación que guardaba cada uno de los elementos que aparecía con el conjunto del relato. Pero eso es sólo una ficción. Cuando estamos metidos en el ajo de las decisiones, no sabemos dónde nos pueden llevar y lo que prevemos es muy limitado.
Son reflexiones sueltas. Invito a leer el libro. Ojo: no es tan fácil de leer como los otros dos que he citado. Ni tan ameno. Es preferible empezar por los otros. A su favor tiene que sólo cuesta 3 euros en Paris Valencia.
Seda
“Seda” es el nombre de una película dirigida por Francois Girard (2007). La película está narrada en primera persona, pero toda ella en un tono melancólico, intimista, tan lento que resulta cansino. Carece de altibajos dramáticos (todo está bajo, empezando por el tono de voz del narrador); ni siquiera las imágenes que podrían tener más emoción (como la travesía hasta llegar a Japoón) cambian de tono de voz. Es una lástima. Así llega a aburrir.
La historia se desarrolla a partir de la iniciativa de una persona por reabrir una fábrica de seda en Francia. Para ello deben traer huevos de gusano desde fuera, pues en Europa una plaga está acabando con los gusanos. El protagonista acaba yendo a Japón, donde además de los gusanos conocerá otras cosas. Pero, como ya he dicho, le falta tensión dramática.
La desconocida
Se trata del título de una película de Giuseppe Tornatore, este magnífico contador de historias (Cinema Paradiso). Aquí nos presenta una historia diferente: una mujer ucraniana con mucho interés por trabajar en un edificio, unas imágenes sobre su pasado, pero demasiado imprecisas (¿una violación?, ¿mafias de prostitución?…), y una historia que se va desgranando poco a poco, ofreciéndonos pistas que sólo al final nos descubren la realidad de la mujer. Una historia muy bien contada, sin efectos especiales, con la adecuada dosis de suspense. Un cine poco comercial, pero muy bien hecho. A disfrutarla.
Conciertos de Vivaldi
Ha empezado la Semana de la Guitarra de Petrer y lo ha hecho con música de Vivaldi. Para mi gusto, un magnífico comienzo. Vivaldi tiene varias cualidades que hacen que la elección sea un acierto:
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Sus conciertos son bastante conocidos, y los que no se conocen tienen el aire de familia.
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Los conciertos no son demasiado largos.
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Las melodías son fácilmente identificables y pegadizas.
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Y lo más importante: es una música muy hermosa.
Cuando ya me disponía a salir de casa, mi hijo me ha dicho que quería acompañarme. Muchas veces me lo dice, aunque sea para ir a una reunión al instituto, así que estaba dándole largas. Pero lo he pensado un poco y me he dado cuenta de que hoy era un buen día para que me acompañara a un concierto: Vivaldi, concierto con orquesta, música agradable y fácil de escuchar… Es verdad que él es pequeño y ya era un poco tarde. Pero estamos en verano y ver y oír un concierto en directo es algo especial; así que me ha acompañado. Ha estado bastante atento todo el tiempo, y sin interrrumpir. Me ha gustado la experiencia: disfrutar de la música de Vivaldi en compañía de mi hijo. A él parece que también le ha gustado.
Una anécdota más: cuando me case, unos cuantos guitarristas de la asociación de guitarra PIMA, quienes organizan esta semana, en particular Pepe Payá, tocaron en nuestra boda. Una de las piezas fue precisamente el segundo movimiento del concierto para dos mandolinas y orquesta, que hoy han tocado dos veces: al interpretar dicho concierto y en el bis. Total: una noche para disfrutar.
Si lo queréis escuchar, aquí tenéis una versión:
Y para saber más sobre los conciertos de la semana de guitarra, podéis mirar aquí.
Por culpa de la crisis
El PSOE, actual partido en el gobierno de España, ha perdido las elecciones al Parlamento Europeo. Bueno, para ser precisos, ha quedado segundo, por detrás de su permanente contrincante, el PP. He podido ver la primera intervención de la sublime Pajín y, hay que decirlo, esta chica no decepciona; siempre en su línea. Según ella, la culpa de la caída del PSOE (palabra “caída” que evidentemente ella no ha usado), se debe a la crisis. A continuación, ha declarado estar especialmente preocupada por el aumento de la presencia de fuerzas de ultraderecha en el Parlamento Europeo. Ellos en realidad han perdido ante el PP. Lo de la ultraderecha es para ver si así, a tiempo y a destiempo, va calando en la gente que el PP representa la derecha rancia, antigua, y que entre sus filas hay gente de ultraderecha. No tienen nada para demostrarlo; tampoco lo van a decir directamente, y menos cuando acaban de ganarles unas elecciones. Pero ellos tienen que insistir. Lo importante no es que sea verdad, sino que la gente se lo crea. Es lo que enseñaban los sofistas a los jóvenes con aspiraciones políticas. ¿Jóvenes con aspiraciones políticas? Sin darme cuenta podría aplicárselo a la misma Pajín. Aspiraciones políticas y ansia de poder; sin tener en cuenta la verdad, sólo el éxito. El problema es que en este caso el éxito no ha aparecido.
Pero volvamos a la intervención de la sublime Pajín. Según ella el resultado no ha sido tan malo, cuando todos auguraban una gran caída. Otra mentira. Las encuestas hablaban de una diferencia de dos puntos, y han sido cuatro. Han perdido por más que lo previsto.
Según Pajín, PP y PSOE se encuentran siempre en unos resultados muy cercanos unos y otros. Las diferencias entre ambos vienen determinadas por cuestiones coyunturales. Si está tan convencida, en el supuesto caso de que el PSOE ganara alguna elección futura, debería decir que ha sido por las circunstancias, pero no porque la gente ha preferido un determinado proyecto político. Cualquier cosa excepto pensar que igual la gente no se traga tanta mentira; que la crisis se pudo ocultar en las elecciones generales y que nos mintieron hasta última hora, pero ahora era muy díficil continuar con el mismo cuento. Cualquier cosa menos pensar que la gente no ve al PP como ella nos lo ha querido presentar. Y mira que el PP tampoco esté para ilusionar a mucha gente. Pero si el PSOE ha quedado por detrás, ya podrían ir pensando que lo han hecho bastante mal. Y si no, que miren el número de escaños obtenidos: han perdido 4, respecto de las anteriores europeas, y eso que están en el gobierno.
De todos modos, la situación no está tan mal para ella. Siempre le quedará esperar el gran acontecimiento mundial, del que se convirtió en su primera (y creo que única) profeta, con la esperanza de que en la próxima reforma educativa que nos echen, se pueda colar entre los contenidos obligatorios de Educación para la Ciudadanía y, quién sabe si también, en los de Historia.
Todo ello, por supuesto, Ad maiorem Zetapei gloriam (A.M.Z.G.)
Aborto con 16 años
Ya he expressado en entradas anteriores que el aborto me parece una barbaridad. Sin embargo, el gobierno y sus portavoces (¿o según la lógica de la ministra miembra tendré que decir “portavozas”?) pretenden hacernos ver que se trata de algo trivial, baladí, o sea, carente de importancia. Si no fuera así, no entiendo por qué no ven ningún problema en que una chica con 16 pudiera abortar sin consentimiento de sus padres. Uno que todos los días se cruza con chicos y chicas de 16 años y sabe cómo están de plagadas de hormonas esas cabezas se pregunta en qué piensan, si es que lo hacen alguna vez, estos señores que dicen gobernar para el bien de nuestro país. Para facilitar la digestión de semejante burrada, nos dicen que con esa edad pueden hacer otras cosas, como ponerse tetas. Para ellas, todo es lo mismo. ¿Por qué? Porque consideran el aborto como un derecho de la mujer, sin más; como algo que la mujer puede decidir por sí misma, como si no afectara a nadie más. Como dije en entradas anteriores, todo el discurso del gobierno y sus secuaces se centra tan solo en los supuestos derechos de la mujer y mantiene ocultos los derechos del feto, no los cita o se los niega, al negarle, como hizo la miembra Aído, su pertenencia a la especia humana.
La encantadora Pajín, expresión sublime de la ideología sociata que todo progre debería compartir, dijo que la reforma de la ley del aborto permite a las mujeres disfrutar del sexo de forma segura. Uno intenta reconstruir la argumentación que le ha podido llevar a semejante conclusión y le cuesta encontrar cuáles pueden ser las premisas. En realidad, me cuesta suponer que tras semejante afirmación haya algo de racionalidad. A no ser que el embarazo, y no tanto las enfermedades de transmisión sexual, sean ahora la amenaza. Es decir, la seguridad que plantea la sublime Pajín parece ser una invitación a practicar sexo de cualquier manera porque en caso de que la amenaza del embarazo se convierta en realidad se podrán deshacer fácilmente de ella. Pero me cuesta ver dónde está la seguridad del sexo ahí. Supongo que sería más fácil prevenir antes y evitar así no sólo embarazos no deseados, sino también el contagio de enfermedades de transmisión sexual. Pero lo que importa es lanzar eslogans y repetirlos, a ver si así la gente, que tampoco tiene muchas ganas de pensar, acaba creyéndoselos y después los suelta por ahí, mientras habla en la calle, en el mercado o en el bar.
Nos falta que el metafísico, el hermano del periodista Gabilondo, nos explique qué es un ser humano. Cuando le preguntaron qué opinaba sobre las declaraciones de la máxima representante de la progreantropología, léase la miembra, cuando dijo que no hay ninguna prueba científica que demuestre que un feto de 13 semanas sea un ser humano, el ministro de Educación contestó que él era metafísico y podrían hablar durante horas de qué es un ser humano. O sea, la mejor forma de decir: mejor que no hablemos de ello. Posibles interpretaciones:
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Yo sé tanto y te puedo decir tantas cosas que no cabrán en un corte de televisión o radio.
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Mi compañera ministra es una bocazas que no sabe lo que dice, pero no puedo descalificarla, porque no estoy seguro si lo que dice lo dice por sí misma o por voluntad del ventrílocuo, que dicta todo lo que han de decir sus “portavozas”.
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Como no estoy seguro, me salgo por la tangente, no sea que el jefe y protector de todos nosotros, el presidente Rodríguez, me llame la atención. Y, a fin de cuentas, yo soy el último que ha llegado a esta casa.
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Igual estoy de acuerdo con lo que dice la estimable miembra, pero no me atrevo a decirlo. No sea que los colegas (o excolegas) salten diciendo que lástima de metafísica enseñada o estudiada, si al final el único criterio que vamos a tener para definir lo humano es la ciencia, como si esta constituyera el único saber acerca del hombre (y la mujer).
Y con esto creo que ya tenemos bastante por hoy. A fin de cuentas, esto es un blog personal y de vez en cuando viene bien soltarse un poco.
