Estos días he visto “After life”, dirigida por Agnieszka Vosloo (2010). La película nos presenta a un encargado de funeraria (Liam Neeson) que posee un don peculiar: puede hablar con las personas recientemente fallecidas, con el fin de ayudarles a aceptar el hecho de su muerte. La película gira en torno a la relación que establece con una joven (Cristina Ricci) y las dificultades que tiene para comprender su nueva situación.
Los diálogos están cargados de reflexiones acerca de la vida y la muerte (como no podía ser menos, dado el planteamiento de la película). El responsable de la funeraria cuestiona a la joven si realmente estaba viva antes, si lo que ella vivía realmente podía llamarse vida o no era sino una forma de morir. Le hace descubrir su miedo a amar, a entregarse a otra persona. La película entera invita a reflexionar sobre el sentido de la vida, pero algunas escenas resultan más densas.
El planteamiento de la situación está muy bien hecho (al menos según mi parecer), rozando a veces el misterio e incluso el miedo. No sabemos muy bien si Neeson tiene un don o es simplemente un loco que retiene a una joven todavía viva. La ambigüedad permanece durante toda la película.