En busca de Bobby Fischer

¿Qué pasa en una casa cuando los padres descubren que un hijo suyo es un genio? El título de la película me sugería algo así como la reconstrucción de la biografía de Bobby Fischer, el ajedrecista americano, pero la búsqueda no es sobre él, sino sobre un posible sucesor suyo, alguien que volviera a jugar como él.

Aquí aparece Josh Waitzkin, quien con 7 años aprende solo a jugar al ajedrez y su capacidad para aprender parece espectacular. Pero él lo vive como algo normal. No así su padre,  quien le busca un profesor. El profesor está más pendiente de hacer de él un nuevo Fischer, olvidando que Josh no es igual. Pretende inculcarle un desprecio hacia los adversarios y un deseo de ganar a toda costa que el niño no posee ni quiere poseer.

La película nos muestra a otros padres que se sienten fuertemente dececpcionados cada vez que sus hijos cometen algún error. El propio padre de Josh entra en esa forma de actuar, hasta que la madre les pone freno.

En el niño los adultos vuelcan sus expectativas y sus proyectos (como es el caso del padre, representado por Joe Mantegna) o sus miedos y sus fracasos (como el profesor, interpretado por Ben Kingsley). Sólo la madre les hace recordar que Josh es sobre todo un niño y, además, un niño con un buen corazón, que no necesita verse sometido a la presión de la competición ni tiene por qué tener ese deseo de ganar. Él disfruta jugando al ajedrez en el parque, con gente que aprovecha lo que gana en las partidas para ir tirando, aunque su juego no resulte demasiado ortodoxo. La madre quiere ver a su hijo disfrutando con ello, sin que tenga que ser alguien más que él mismo. Y así es como mejor juega el niño.

Al final, la película nos informa de que Josh ha llegado a ser el menor de 18 años mejor clasificado en los torneos de EEUU. Ha aprendido más sobre el ajedrez, pero no ha dejado de jugar al beisbol, al fútbol ni ha dejado la pesca. El ajedrez o cualquier otra actividad puede ser muy interesante, puede llegar a ser un arte. Algunos niños pueden ser genios en él, pero siguen siendo niños que necesitan muchas más cosas y sobre todo la atención y el cariño de sus padres por encima de sus victorias o derrotas, por encima del puesto que ocupen en el ranking.

Me parece un reflexión muy interesante. A los padres nos gustaría tener hijos que destacaran en algún ámbito (el deporte, la ciencia, el arte…); seguramente pensando en nosotros mismos, en lo que nos habría gustado ser o alcanzar. Pero los niños no son una proyección de nosotros mismos y, sobre todo, siguen siendo niños aunque en alguna de estas cosas superen a muchos adultos. Necesitan seguir siendo niños, con sus juegos, sus fantasías, sus ilusiones (no las de sus padres) y con el tiempo que sus padres les puedan brindar para sentirse protegidos y queridos por ellos. Nadie necesita ser otra persona, nos basta con ser nosotros mismos.

La película nos muestra a otros padres que se sienten fuertemente dececpcionados cada vez que sus hijos cometen algún error. El propio padre de Josh entra en esa forma de actuar, hasta que la madre les pone freno.

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