La cuestión humana

En algún blog leí que se trataba de una obra maestra. A mi no me lo ha parecido, aunque sí es una película de lo más interesante. Está dirigida por Nikolas Klotz (2007). Me apareció a partir de búsquedas entre los actores de “De dioses y de hombres”.

El protagonista de la historia es un psicólogo encargado del departamento de recursos humanos en la filial francesa de una gran empresa alemana. Uno de los méritos de este psicólogo ha sido el de precisar los criterios que servirían para hacer una reestructuración de la plantilla, eliminando 1300 puestos de trabajo. Viendo lo eficaz que ha resultado su trabajo, el Director adjunto le encarga una nueva tarea: debe investigar la conducta del Director General y elaborar un informe. Parece afectado por problemas emocionales que pueden volverse en contra de los intereses de la empresa.

Con el fin de conocer al Director General, el psicólogo investiga posibles vías de acceso. Descubre que en la empresa hubo un cuarteto musical, en el que el mismo Director General estuvo implicado. Con la excusa de hacer una nueva actividad musical que sirva para unir al personal, va a ir realizando entrevistas al Director General, su secretaria, otros directivos… Poco a poco irá descubriendo qué es lo que preocupa al Director. Con la información de unos y otros, descubrirá que detrás de todos los datos sobre reestructuración de la empresa lo que le preocupa es la cuestión humana, el hecho de que detrás de un lenguaje que intenta ser neutral, aséptico, se encubre el hecho de que cientos de personas se quedan sin trabajo. Las emociones, las preocupaciones, esperanzas, anhelos de las personas… todo ello se reduce al cumplimiento de un plan.

Pero todavía no sabemos por qué le preocupa tanto. Entonces empieza a vislumbrarse un paralelismo: algo parecido hacían los nazis con aquellos a quienes conducían a la muerte. Lo que importaba era ir cumpliendo el plan, lo programado. Había que olvidar que la carga que portaban en los camiones eran seres humanos; había que reducirlos a eso, a carga, y a números. La secretaria nos ayuda a descubrir lo que atormenta al Director General, y no porque él mismo lo hiciera, sino porque su padre había estado implicado. Pero también descubrimos que los intereses del Director adjunto no buscan simplemente el bienestar de la compañía. Su forma de actuar también está relacionada con sus experiencias de la infancia, donde aprendió a decidir y pensar sin tener en cuenta a las personas. El Director General sabe por qué es así y se ha dado cuenta de que todo lo que está haciendo el psicólogo lo hace por encargo del otro directivo.

Finalmente el psicólogo encuentra a quien constituía el alma del cuarteto musical. Vivía en un pequeño pueblo. Había sido despedido con la reestructuración de la empresa. Poco a poco va desentrañando cómo, mediante el lenguaje, hemos ido ocultando la dimensión humana de la realidad, en un intento de hacer una realidad que nos resulte más fácil de sobrellevar, que no cargue excesivamente nuestras conciencias. Nos dice que ya no hay pobres, que ahora sólo hay personas de bajos recursos. Los despidos se convierten en reestructuraciones, en reformas, en adaptaciones a las nuevas condiciones económicas, como si las circunstancias obligaran a dejar de lado a los seres humanos que se ven afectados en cada decisión; como si las decisiones dejaran de ser una cuestión personal y dependieran sólo de los criterios marcados de manera supuestamente objetiva en un programa. Entonces cuenta al psicólogo loo que veía cada noche desde su ventana: los conductores de camiones que, tras el trabajo, tan sólo comentaban que estaban cumpliendo el programa, olvidando que dicho programa consistía en hacer desaparecer a las personas que designaba el III Reich.

Hay una magnifica reflexión sobre el uso del lenguaje para encubrir la realidad. Lo único que no me gusta es que el ritmo resulta excesivamente lento. La película se recrea en cada frase del discurso, en las canciones, en los despertares del psicólogo. El problema es cuando se usa el cine para hacer reflexionar a las personas: es útil, porque algunas personas no van a leer un manifiesto o un libro para reflexionar sobre todo esto; pero puede ser pesado, porque la historia pierde ritmo en función de las ideas que se pretenden transmitir o la reflexión que se quiere provocar. Creo que algo de esto pasa con la conversación final entre el psicólogo y el violinista despedido de la empresa.

Con todo, es una película muy interesante.

De dioses y hombres

Ayer vi la película “De dioses y hombres”, dirigida por Xavier Beauvois (2010). Está basada en un hecho ocurrido en 1996. Cuenta la historia de una comunidad de monjes cistercienses ubicada en Argelia. Se dedican a orar, a trabajar, a compartir su vida con los habitantes del pueblo que surgió alrededor del monasterio, a ofrecer su ayuda en cuanto está a su alcance. Se trata de una vida sencilla y cercana a la gente del pueblo, aun cuando cada uno tenga diferentes creencias. El ritmo narrativo de la película nos permite entrar en el ritmo de la comunidad.

El conflicto surge cuando grupos terroristas movidos por un islamismo fundamentalista empiezan a matar extranjeros. La vida de los monjes corre peligro. El ejército les ofrece protección o la posibilidad de salir del país. Ellos, sin embargo, deciden que deben quedarse y vivir como habían hecho hasta entonces.

La película nos permite ir descubriendo el proceso de reflexión y de oración que van haciendo los monjes. Viviendo desde su fe, sus decisiones no están exentas de dudas, de miedos. Lo que les mueve es el amor a las personas a las que han acompañado durante todo el tiempo que han estado en el monasterio y la convicción de que tienen que seguir siendo testimonio de una vida que se construye desde el compartir, el respeto, el conocimiento mutuo, la ayuda, el amor. No están en un país islámico para imponer su fe, sino para vivirla en comunidad, para ser testigos de que la vida se puede vivir desde la fraternidad y el respeto.

La película nos cuenta la historia respetando los tiempos, primero para que conozcamos cómo viven, después para que vayamos entrando en el proceso de decisión, con sus dudas, sus motivaciones, su reflexión… Me parece una película genial. Tal vez otros deseen un ritmo más rápido, pero eso no nos permitiría descubrir qué significaban para aquellas personas las decisiones que tuvieron que tomar.

Cuando todo esto ocurrió, recuerdo que lo comenté con un amigo. Su respuesta fue que no veía ningún mérito en que unos monjes ancianos decidieran quedarse en una situación que ponía en riesgo sus vidas, que tendría mérito si se tratara de personas jóvenes. Un alumno, hace poco, hacía un comentario semejante refiriéndose a que en el caso de los cristianos eso no tiene mérito, porque ellos piensan que van a ir al cielo. Me parece que ni uno ni el otro se ha parado a pensar en profundidad sobre la vida y la muerte, y sobre las dudas que le plantean a una persona tener que afrontarla de cerca, más allá de su edad y de su fe.