El puesto de la razón en la ética

“El puesto de la razón en la ética” es un libro de Stephen E. Toulmin (Alianza Editorial 1979). Lo acabé la semana pasada. Ha sido una de las lecturas que voy haciendo con el fin de preparar la asignatura de ética para el próximo curso. El autor intenta clarificar cuál es el fundamento de los juicios éticos. Para ello, parte de tres enfoques que parecen contradictorios entre sí:

  1. El enfoque objetivista: considera que los valores son cualidades objetivas; sólo así se podría entender su univesalidad, que fueran obligatorios para todos.
  2. El enfoque subjetivista: considera que los valores sólo expresan estados de ánimo. Esto explicaría las grandes diferencias que hay entre las diversas morales.
  3. El enfoque imperativo: los que interesa es que los valores intentan mover a las personas a actuar de una determinada manera.

Hecha esta distinción, el autor parece encontrarse en un callejón sin salida a la hora de explicar en qué consisten realmente los juicios éticos. Entonces decide dar un rodeo para indagar en qué consiste razonar, los diferentes tipos de razonamiento y explicación que se pueden dar, con el fin de mostrar que la lógica y el razonamiento no es algo exclusivo de las ciencias naturales, que existen diferentes formas de explicar un hecho, cada una desde un punto de vista o un punto de partida diferente. Así la explicación estética puede parecer insuficiente para un físico, pero eso no hace que la explicación científica tenga la exclusiva sobre la verdad o la razón. Se trata de formas de explicar diferentes; ambas válidas siempre que no rebasen sus propios límites.

También estudia los tipos de razonamiento y explicación de la ciencia. En la ciencia, para saber si una explicación es correcta, necesitamos un criterio. Ese criterio nos es suministrado por el modelo explicativo o paradigma en el que nos situemos. Así, una misma explicación puede parecer correcta desde un modelo científico e incorrecta desde otro. Cuando un modelo es incapaz de explicar una serie de hechos, es modificado o sustituido.

Hecha esta aclaración, el autor vuelve a indagar la naturaleza de la ética. No se trata de ciencia. La ciencia nos ayuda a conocer lo que debemos esperar de una situación; no es ese el caso de la ética. Pero quizás podríamos establecer un paralelismos. En cierto sentido, la ciencia nos ayuda a corregir nuestras predicciones acerca de la realidad; en ese caso, la ética serviría para modificar nuestras opiniones y conducta. Ahora bien: ¿cómo influyen las razones en lo que hacemos? ¿cómo pasamos del razonamiento a la conducta? Para contestar esta pregunta debemos investigar cómo son los razonamientos éticos.

Toda sociedad tiene un conjunto de normas que le sirve para regular las acciones de sus miembros, de manera que produzcan el menor malestar a los demás. En paralelo a lo dicho sobre las explicaciones científicas, si nos preguntamos si una acción es correcta, lo que debemos hacer es ver si se ajusta al conjunto de normas de la sociedad o grupo en la que se desenvuelve dicha acción. Pero dichas normas pueden ser cuestionadas (pp. 161ss). Tenemos por tanto dos niveles:

  1. El de valorar una determinada acción desde una moral determinada.
  2. El de cuestionar los principios propios de una moral.

En los dos casos nos encontramos ante funciones propias de la ética. Sobre la valoración de una acción, nos podemos encontrar que respetar una determinada norma entre en conflicto con otros deberes (pp. 169s). El segundo caso suele aparecer cuando se conocen las morales de otros grupos o cuando continuar aplicando una determinada norma acaba produciendo más perjuicios que beneficios (pp. 173s). Habrá que pensar qué consecuencias produciría mantener la misma norma y cuáles se derivarían de aplicar la alternativa a la misma.

Esta diferencia de niveles permite conciliar el deontologismo y el utilitarismo. El deontologismo es aplicable a la corrección de las acciones: hay que realizar el deber propio de la moral del grupo. El utilitarismo amplía el horizonte del deontologismo al permitir cuestionar los principios que rigen la vida de la comunidad en función de las consecuencias que produce su aplicación.

Ahora bien, el razonamiento moral tiene unos límites:

  1. No es aplicable a aquellas decisiones en que no se afecte el bienestar de otras personas (pp.179ss), pues la ética tiene un carácter social.
  2. No es intercambiable entre diferentes paradigmas morales. Si cambiamos de sociedad no podemos valorar éticamente una determinada acción sin poner en cuestión los principios morales propios de esa sociedad (pp. 174ss).

En la cuarta parte del libro, el autor vuelve a la naturaleza de la ética. ¿Qué queda de los enfoques tradicionales de la ética? Si los tomamos literalmente, los tres enfoques producen más problemas que aciertos; sin embargo, cada uno de ellos incide en un aspecto propio de los juicios éticos:

  1. Es verdad, como pretenden los objetivistas, que los juicios éticos pretenden ser universales, aunque no por ello tienen que ser propiedades objetivas.
  2. Es verdad, como sostienen los subjetivistas, que los juicios éticos, con frecuencia, expresan nuestras emociones ante determinadas situaciones y que las emociones, normalmente, están presentes en nuestra forma de valorar. Pero una valoración puramente subjetiva dejaría de ser ética, ya que la ética sirve para regular las acciones dentro de una comunidad. Con el subjetivismo no sabríamos a qué atenernos. Además haría imposible el cuestionamiento de los principios de una determinada moral.
  3. Los juicios éticos tienden a modificar las acciones de las personas, pero son algo más que gritos o exclamaciones.

Cada una de las teorías puede verse como una comparación o analogía que nos acerca a los juicios éticos, pero no totalmente. Lo que nos interesa no es tanto definir qué son los valores, sino qué hace que un juicio ético sea válido.

Otras cosas, bastantes, quedan por decir. El autor se ha centrado en el análisis de los razonamientos éticos para intentar reconocer la función de la ética y los criterios para determinar cuándo los razonamientos éticos son válidos y cuándo no. La ética no es una ciencia, pero el estudio de la ciencia le ha servido para delimitar el uso correcto de los razonamientos éticos, sin depender de una determinada teoría ética que pretenda descubrír qué son los valores.

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