El Reino es como un tesoro escondido

En el evangelio de hoy (Mt 13, 44-46), Jesús compara el Reino de Dios con dos buscadores dispuestos a dejarlo todo para comprar un campo o una perla (Miércoles de la XVII semana del T.O.). Vale la pena leer directamente el texto del evangelio, pues la comparación que pone Jesús es mucho más provocativa y evocadora que cualquier comentario o reflexión personal. La verdad es que cuando intento explicármelo a mí mismo, tengo la sensación de que le estoy quitando aristas, de que lo estoy dulcificando. Pero, el problema de verdad es si me lo creo; es decir, si acepto que el Reino de Dios es realmente tan valioso como sugiere el texto.

Y ahora sí, voy a intentar entresacar algunas ideas, aunque así se pierda algo de la viveza y la frescura de la comparación de Jesús:

  • Lo que destaca es la alegría por el hallazgo, no la pena por lo que se deja atrás.
  • El Reino se convierte en el centro de interés; todo lo demás se relativiza. Quizás podría decir que desde la perspectiva del Reino todo lo demás adquiere el valor justo.

Así, en abstracto, las ideas resultan claras. La cuestión es cómo poner el Reino en el centro, qué supone concretamente en mi vida. ¿Significa poner la confianza sólo en Dios? ¿Eso sería como vivir a la intemperie, sin ahorrar, sin preocuparse por el futuro? (hay textos en el evangelio que podrían dar pie a esas interpretaciones). Pero, ¿se puede vivir así hoy día? ¿Y teniendo familia? Como siempre, las aplicaciones en concreto resultan problemáticas, así que lo de poner el Reino de Dios en el centro siempre aparece como algo en tensión, nunca alcanzado.

Pero, ¿qué significa poner el Reino en el centro? ¿Vivir de otro modo? ¿Poner en el centro a las personas? ¿Actuar en favor de cada persona? ¿Tratarles según su dignidad? Muchas cosas y, algunas, a veces resultan incómodas. Igual es ahí, en el trato con cada persona, donde se manifiesta que el Reino de Dios ocupa el centro. Igual mirando cómo actuaba Jesús se va perfilando qué es eso del Reino de Dios o en qué consiste vivir según el Reino de Dios.

De todos modos, esa expresión, “Reino de Dios”, nos resulta bastante extraña. Jesús mismo no intentó definirla; ofrecía pistas por medio de comparaciones que más que ayudar a entender, intentaban provocar una respuesta práctica, vivencial, en sus oyentes. No es fácil esto, ni tengo claro que lo que propone Jesús sea realmente tan importante en mi vida. Probablemente tenga otros centros. La teoría resulta más o menos fácil; lo complicado es vivir. Pero, como puse en otra entrada, escribir no me hace mejor, sólo me ayuda a no ser peor (y a aclararme con mis ideas).

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