Trigo y cizaña crecen juntos

Ayer, (martes de la XVII semana T.O.), el evangelio continuaba las comparaciones que Jesús exponía para hablar del Reino de Dios (Mt, 13, 36-43). Jesús compara el Reino a un campo en el que el dueño ha sembrado trigo, pero alguien, por la noche, siembra también cizaña, esperando que la cosecha se malogre. La comparación aparece un poco antes, aquí, Mateo nos ofrece la explicación. ¿Qué me provoca esta comparación?

En nuestra historia hay mal y bien. Jesús inicia el Reino, pero está también la actuación del mal. No está todo claro; la situación es ambigua y puede llevar a confusión. Hay que esperar al final. De hecho, sólo al final se ve lo que ha sido la vida de una persona. Pero, mientras, ¿no hacemos nada? Mientras habrá que seguir sembrando trigo y luchar contra el mal, llevando cuidado de no juzgar a las personas.

Es fácil ver que en el mundo hay mucho mal. A la vez, también conozco muchas personas buenas. Pero, ¿quién es qué? Probablemente nadie sea totalmente bueno ni totalmente malo (aun cuando siento la tentación de pensar que algunos personajes históricos sí lo han sido). Es muy difícil juzgar a una persona, porque no sabemos ni qué es lo que hace ni por qué lo hace. Eso no quita que, a veces, experimentemos su bondad o su maldad y, entonces, nos atrevamos a juzgarlos. Pero nuestro conocimiento siempre será parcial.

Por otra parte, a algunos se nos han ofrecido más facilidades para ser buenos. Pensemos en las personas que se han criado en ambientes especialmente violentos. Se puede ver la película “Ciudad de Dios”, sobre las favelas de Río de Janeiro para hacerse una idea. En un ambiente así, debe ser complicado ser medianamente bueno.

¿Eso quiere decir que no hay juicio sobre las personas? Eso quiere decir que el juicio sobre la vida de las personas corresponde sólo a Dios. Decir quién se salva o quién se condena (con lo complicados que resultan estos términos hoy día) es cosa de Dios.

Juzgar resulta casi inevitable, pero la advertencia de Jesús me ayuda a recordar que trigo y cizaña también andan mezclados en mí y que, si hay juicio, también lo habrá para mí; también yo habré de presentarme un día ante Dios. Y sabré que no soy digno de Él. Y esperaré que me juzgue con misericordia. Y supongo que siempre será mejor ser juzgado por un Padre de misericordia que por los hombres.

Quizá, en otro momento, me anime a hablar de cómo entiendo esto del juicio de Dios.

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One comment on “Trigo y cizaña crecen juntos

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