Cargar con su cruz y seguirle

Una vez más voy a comentar el evangelio del día: Mt, 16, 24-28 (viernes de la XVIII semana del T.O.). Para ello, voy a tener en cuenta el marco del texto y luego me centraré en una idea.

La secuencia del evangelio de Mateo es idéntica a la que presenta Marcos: confesión de Pedro en Cesarea, anuncio de la Pasión, advertencia del seguimiento para los discípulos, Transfiguración, curación de un chico con ataques y segundo anuncio de la Pasión.

La confesión de Pedro ante la pregunta de Jesús: “¿Y vosotros quién decís que soy yo?”, empieza a dejar claro que, a pesar de los signos realizados, muchos abandonan a Jesús. Tal vez esperaban otro tipo de Mesías. Este proceso de desencantamiento aparece también en el evangelio de Juan, en el capítulo 6, donde narra la multiplicación de los panes y presenta el discurso del pan de vida.

A los que deciden quedarse, Jesús les anuncia que su misión va a pasar por el rechazo y la muerte. Es lo que ya había ocurrido con Juan el Bautista.

A continuación, Jesús les advierte de que seguirle significa contar con ese horizonte. No es que haya que coger la cruz y seguirle (como dice el texto); sino que hay que seguirle aun cuando aparezca la cruz y contando con que aparecerá. No se trata de hacerse una cruz a medida, buscando sacrificios adicionales. Esto, con frecuencia, es sólo una manera de acomodar el mensaje de Jesús a nuestros intereses: nos creamos nuestra cruz y nos creemos mejores.

También a veces algunos han utilizado este texto u otros semejantes para intentar justificarse: “Me rechazan; también a Jesús lo persiguieron”; sin analizar si el rechazo que sufre uno está provocado por la fidelidad al Evangelio, a la verdad o a la justicia, o simplemente porque se trata de una persona insoportable. Hay que llevar cuidado con eso de buscar justificaciones en el Evangelio; más vale dejarse interpelar. La cruz de Jesús viene por su fidelidad al Padre, por anunciar el Reino de Dios, por su cercanía a los marginados (enfermos, pobres, pecadores…), por su práctica de la justicia…, porque con todo ello ponía en cuestión la religión vigente y el sistema de poder dominante. Pero con todo, no por unas cuantas entradas en facebook o twiter en donde nos colocamos la etiqueta de conciencia social o ética (hablo por mí, que nadie se moleste).

Algunas de nuestras cruces no pasan de ser de cartón-piedra comparadas con el sufrimiento que ha tocado en suerte (mala) a otras personas. Porque, aparte de la cruz propia del seguimiento de Jesús, están esos sufrimientos que nos sobrevienen por el hecho de ser humanos, especialmente la enfermedad y la muerte (sobre todo de seres queridos, de personas jóvenes…). Estos sufrimientos no están causados ni por la fidelidad a una causa, ni por asemejarnos a Jesús, ni por el rechazo de los otros; sin embargo, parece que ahí Jesús nos invite a seguir confiando en que, al igual que la suya, nuestras vidas también están en manos de Dios Padre. Y esto resulta relativamente fácil decirlo cuando no se ha pasado por pruebas realmente difíciles (como creo que es mi caso, aunque no sé qué puede pasar en el futuro), pero puede ser una prueba muy dura para quien está en medio de semejante dolor.

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