Ante el dolor de los demás

Hace unos días terminé la lectura del libro de Susan Sontag “Ante el dolor de los demás”. No era exactamente lo que esperaba. Pensaba que iba a encontrarme ante algo así como una descripción de las reacciones ante el sufrimiento humano, una fenomenología de la compasión o algo semejante. Sin embargo, el libro se centra en las imágenes sobre el sufrimiento humano, al principio en las reproducciones pictóricas y después en la fotografía. No hace un tratamiento del sufrimiento en el cine. En cada capítulo la autora describe diferentes usos que ha tenido la imagen del sufrimiento y cómo repercute (o deja de repercutir) en quienes la observan. Sontag habla, sobre todo, del sufrimiento relacionado con la tortura o la guerra.

Las primeras representaciones del sufrimiento podían alentar una cierta curiosidad morbosa en quienes las contemplaban. Esa curiosidad es superada en las representaciones de Goya sobre los desastres de la guerra. Aquí la curiosidad es substituida por la intención del autor de hacer manifiesto el sinsentido de la guerra, el absurdo de semejantes crueldades. Los textos al pie de las pinturas nos ayudan a entender esta intención del pintor.

Un primer uso que tuvo la fotografía bélica fue el de animar a los jóvenes a alistarse en el ejército. Por ello se evitaban las fotos de víctimas de los propios ejércitos, a quienes se mostraba siempre en actitud alegre y marcial, y sólo se presentaban las víctimas del enemigo. La cosa cambió cuando los fotógrafos dejaron de ser reporteros encargados por los gobiernos e intentaron reflejar la realidad de la guerra.

¿Cómo interpretar el sufrimiento mostrado en las fotografías de guerra? Susan Sontag nos advierte de que la interpretación de las imágenes depende en buena medida de los textos que las acompañan y de la memoria que tengamos de los acontecimientos que las rodean. Sin texto, la fuerza evocadora de la imagen, la repercusión que puede tener en quienes la observan, queda a medio gas.

Las fotografías no siempre son un reflejo fiel de la realidad. El fotógrafo asume una perspectiva, muestra unos detalles y abandona otros. En algunos casos, el fotógrafo ha compuesto la escena, modificando algunos elementos (como la famosa fotografía de Iwo Jima, en el monte Suribachi). En otros, la intervención del fotógrafo es imposible (como el bombardeo de Napalm en Vietnam).

Otro elemento que analiza el libro es el uso de la fotografía en museos y exposiciones. El dolor se convierte así en objeto estético o incluso de consumo, y en algo que vamos contemplando y pasando, como en cualquier otra exposición.

Sontag también llama la atención en la exposición de imágenes sobre acontecimientos que han sucedido lejos de la propia tierra o sufrimientos perpetrados por otros pueblos. Por ejemplo, en EEUU hay un museo sobre el Holocausto, pero no sobre la esclavitud de los negros. Las imágenes sobre guerras nos ayudan a pensar hasta qué punto los seres humanos somos capaces de las mayores atrocidades, pero queremos pensar que esos seres humanos tan crueles siempre han sido otros, no nosotros ni los nuestros. Resulta más fácil pensar que las atrocidades las han cometido los alemanes, los talibanes o los serbios, poniéndoles apellidos o nacionalidades, como si de este modo pudiéramos vacunarnos contra semejante inhumanidad. Esto me ha recordado la película “En el valle de Elah”, en la que se cuestiona la actuación de los soldados americanos en la invasión de Irak, a partir de la investigación que un padre hace sobre la muerte de su hijo.

Esto sólo son pinceladas sobre el contenido del libro. Ya he dicho que no era lo que me esperaba, aunque tampoco ha resultado decepcionante. Siempre se puede aprender algo nuevo. Una de las cosas a que me ha animado ha sido a empezar la lectura de un nuevo libro, “Berlín: La caída, 1945”, de Anthony Beevor, a partir de la referencia que hace sobre las violaciones de mujeres alemanas cometidas por soldados del Ejército Rojo. Por lo pronto, este texto me está enganchando más.

¡Que quiten ya la filosofía!

Sí, que la quiten, pues no sirve para nada. Ya puestos, quememos los libros de filosofía. A estas alturas, casi todos saben que la filosofía no sirve para nada.

La primera en caer va a ser la ética. No hay duda de que no sirve para nada: la casta política ha demostrado empíricamente que la ética no hace falta, es más, puede llegar a constituir un obstáculo, para alcanzar el poder y mantenerse en él. ¿Para qué pensar en qué es justo, honesto o correcto? No nos compliquemos la vida. Así que mejor despacharla del plan de estudios, no sea que a la gente le dé por pensar…

Y si se puede vivir sin ética, también sin la filosofía en general. Pero si al final todo se reduce a la productividad y al éxito, medidos en términos económicos, ya no sobra sólo la filosofía. La literatura, la música, el arte, la historia… son muy poco productivas, resultan todas prescindibles. Y sin embargo, nos ayudan a pensar, imaginar, sentir o proyectar que la realidad puede ser más que lo que damos por supuesto; nos hacen creer que el ser humano puede llegar a ser más y mejor que lo que es. Nos hacen sentir y pensar, aunque a veces sólo sea durante unos instantes como ocurre con el arte, que, a pesar de las circunstancias, o mejor, a partir de las circunstancias que nos ha tocado vivir, podemos aspirar a ser mejores.

¿Se puede vivir sin el arte, sin la ficción, sin el pensamiento? Sí, claro. Pero ¿durante cuánto tiempo seguiría siendo una vida digna del ser humano?

Y como hacía tiempo que no dibujaba, ahí va una viñeta.

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P.S.: Me decidí a escribir esta entrada durante el concierto de la Orquesta de Zhejiang. Durante un momento pensé: “Esto no es necesario; se puede vivir sin ello”. Pero después me dije: “¡Pero qué gozada poder disfrutarlo y qué lástima si no estuviera a nuestro alcance!”.

La cuestión humana

En algún blog leí que se trataba de una obra maestra. A mi no me lo ha parecido, aunque sí es una película de lo más interesante. Está dirigida por Nikolas Klotz (2007). Me apareció a partir de búsquedas entre los actores de “De dioses y de hombres”.

El protagonista de la historia es un psicólogo encargado del departamento de recursos humanos en la filial francesa de una gran empresa alemana. Uno de los méritos de este psicólogo ha sido el de precisar los criterios que servirían para hacer una reestructuración de la plantilla, eliminando 1300 puestos de trabajo. Viendo lo eficaz que ha resultado su trabajo, el Director adjunto le encarga una nueva tarea: debe investigar la conducta del Director General y elaborar un informe. Parece afectado por problemas emocionales que pueden volverse en contra de los intereses de la empresa.

Con el fin de conocer al Director General, el psicólogo investiga posibles vías de acceso. Descubre que en la empresa hubo un cuarteto musical, en el que el mismo Director General estuvo implicado. Con la excusa de hacer una nueva actividad musical que sirva para unir al personal, va a ir realizando entrevistas al Director General, su secretaria, otros directivos… Poco a poco irá descubriendo qué es lo que preocupa al Director. Con la información de unos y otros, descubrirá que detrás de todos los datos sobre reestructuración de la empresa lo que le preocupa es la cuestión humana, el hecho de que detrás de un lenguaje que intenta ser neutral, aséptico, se encubre el hecho de que cientos de personas se quedan sin trabajo. Las emociones, las preocupaciones, esperanzas, anhelos de las personas… todo ello se reduce al cumplimiento de un plan.

Pero todavía no sabemos por qué le preocupa tanto. Entonces empieza a vislumbrarse un paralelismo: algo parecido hacían los nazis con aquellos a quienes conducían a la muerte. Lo que importaba era ir cumpliendo el plan, lo programado. Había que olvidar que la carga que portaban en los camiones eran seres humanos; había que reducirlos a eso, a carga, y a números. La secretaria nos ayuda a descubrir lo que atormenta al Director General, y no porque él mismo lo hiciera, sino porque su padre había estado implicado. Pero también descubrimos que los intereses del Director adjunto no buscan simplemente el bienestar de la compañía. Su forma de actuar también está relacionada con sus experiencias de la infancia, donde aprendió a decidir y pensar sin tener en cuenta a las personas. El Director General sabe por qué es así y se ha dado cuenta de que todo lo que está haciendo el psicólogo lo hace por encargo del otro directivo.

Finalmente el psicólogo encuentra a quien constituía el alma del cuarteto musical. Vivía en un pequeño pueblo. Había sido despedido con la reestructuración de la empresa. Poco a poco va desentrañando cómo, mediante el lenguaje, hemos ido ocultando la dimensión humana de la realidad, en un intento de hacer una realidad que nos resulte más fácil de sobrellevar, que no cargue excesivamente nuestras conciencias. Nos dice que ya no hay pobres, que ahora sólo hay personas de bajos recursos. Los despidos se convierten en reestructuraciones, en reformas, en adaptaciones a las nuevas condiciones económicas, como si las circunstancias obligaran a dejar de lado a los seres humanos que se ven afectados en cada decisión; como si las decisiones dejaran de ser una cuestión personal y dependieran sólo de los criterios marcados de manera supuestamente objetiva en un programa. Entonces cuenta al psicólogo loo que veía cada noche desde su ventana: los conductores de camiones que, tras el trabajo, tan sólo comentaban que estaban cumpliendo el programa, olvidando que dicho programa consistía en hacer desaparecer a las personas que designaba el III Reich.

Hay una magnifica reflexión sobre el uso del lenguaje para encubrir la realidad. Lo único que no me gusta es que el ritmo resulta excesivamente lento. La película se recrea en cada frase del discurso, en las canciones, en los despertares del psicólogo. El problema es cuando se usa el cine para hacer reflexionar a las personas: es útil, porque algunas personas no van a leer un manifiesto o un libro para reflexionar sobre todo esto; pero puede ser pesado, porque la historia pierde ritmo en función de las ideas que se pretenden transmitir o la reflexión que se quiere provocar. Creo que algo de esto pasa con la conversación final entre el psicólogo y el violinista despedido de la empresa.

Con todo, es una película muy interesante.

Ágora y Celda 211

Las he visto con una semana de separación. La primera, después de ver Invictus. No me provocó nada especial. Una película prescindible. No emociona, salvo los 10 últimos minutos. Ni emociona la historia, ni la protagonista, ni los supuestos descubrimientos astronómicos. Sobre esto último, dudo bastante que ella se acercara a la elipse que propuso Kepler como modelo y que durante doce siglos, si no hago mal las cuentas, no hubiera ningún otro testimonio a su favor.

Celda 211 es totalmente distinta. No te deja respirar un momento. Las emociones, la tensión te mantienen durante toda la película. Igual no nos enseña grandes cosas, ni nos hace pensar en la intolerancia que se vivió en el siglo IV, pero hace sentir, aunque sea miedo, rabia o preocupación. Y el cine no tiene por qué ser un documental, más o menos manipulado, como la imagen que pretende ofrecernos Amenábar en Ágora, sino un tiempo para tener experiencias y sentir emociones que de otro modo no estarían a nuestro alcance en el ámbito de nuestra vida cotidiana. Ahora entiendo la diferencia en los premios.

Y otra cosa: ya estaba bien de ideologización del cine a base de memoria (o amnesia) histórica y curas malos. Aunque no sé si de manera indirecta algo de esto sigue habiendo en el relato de Amenábar (a quien por otro lado admiro por su película “Los otros”).

La autoridad en la educación

No, no se preocupen. No es que yo también esté ahora con la historia de la autoridad porque se le ha ocurrido a nuestros políticos. Incluso el Rey habla ahora de un pacto de Estado sobre la educación. Y el Defensor del Pueblo.

Se trata del título del último libro que he leído. Es de Gérard Guillot, de la Editorial Popular, y tiene el subtítulo “Salir de la crisis”. El autor, frente al autoritarismo y el laissez-faire, apuesta por recuperar una autoridad del buen trato.

El autor se aleja de aquellas posturas que rechazan el ejercicio de la autoridad por complejos del pasado. Guillot sostiene que la educación se orienta a formar personas realmente libres, pero para ello hacen falta límites. Si no se ponen en el momento y la forma debidos, la persona acaba siendo esclava de sus deseos, necesitada de su satisfacción inmediata, e incapaz de soportar la frustración o simplemente la satisfacción diferida en el tiempo. Los limites y la autoridad son necesarios para que las personas crezcan. Cuando no existen, surgen los nuevos dictadores.

Por otro lado, el autor rechaza el ejercicio de autoridad basado en la pura tradición. Considera que la autoridad debe tener un respaldo legal. El profesor y el padre no pueden estar al mismo nivel que los alumnos. Pero su acción está sujeta también al derecho. No se trata de volver a ejercicios de autoridad del pasado. Se trata de una autoridad que parte del respeto a las personas, pero que no tiene por qué tolerar su conducta, cuando ésta resulta perjudicial para la persona o para quienes le rodean.

Según Gérard Guillot, la autoridad tiene algo de arte. Pero, ojo, el arte tampoco se improvisa. Es preciso prepararse, revisar prácticas, cuestionarse…; exige profesionalidad. Junto a esto, no hay que olvidar que tanto el profesor, como el padre, como el alumno o hijo son personas. Los resultados no son automáticos. Se producen avances y, con frecuencia, retrocesos. Nos podemos sorprender con conductas que se alejan del respeto, con pérdidas de control o con unos nervios exasperados. Hay que contar con que eso puede ocurrir. Es cuestión de no echar la toalla.

Ahora los políticos abogan por el reconocimiento del profesor como autoridad pública. Está bien, pero será insuficiente. El desencadenante ha sido la reflexión hecha por Enrique Múgica, el Defensor del Pueblo, a raíz de los conflictos que se produjeron en Pozuelo de Alarcón. El Defensor del Pueblo hablaba de recuperar el respeto al profesor, empezando por hablarle de usted. Pero hay una cierta falta de lógica en todo lo que se ha montado después: a fin de cuentas, los jóvenes que lanzaban botellas contra la policía estaban atentando contra una autoridad pública, y no parecía importarles demasiado. Los resultados penales han quedado en casi nada. Mientras el respeto a la autoridad no se vaya gestando en casa, desde pequeños, difícilmente tendrá resultados, aunque se haga a golpe de decretos. El apoyo legal es necesario, pero resultará siempre insuficiente.

Por lo menos, la lectura del libro, me ha animado a revisar algunas prácticas personales, a volver a plantearme cambios en el trabajo, y a animarme a empezar el curso de otro modo. Después ya iré encontrándome con esas situaciones y esos alumnos que se sienten ya de vuelta del sistema educativo y habrá que ver qué hacer con ellos, sin tener que estar permanentemente culpabilizándonos de que el sistema educativo ya no puede con ellos. A fin de cuentas, educar es algo que los profesores, por sí solos, no pueden hacer.

Festes de Sant Bonifaci

Ja han acabat les festes de Sant Bonifaci. Ha passat un any de somnis i comença, per a altres, un nou any per a somniar. Segurament baixar-se la bandera tinga un poc de bogeria, però quina bogeria més bella!

Per a mi han sigut unes festes un poc especials. Les he viscudes més intensament que els darrers anys, encara que no he pogut vore tot el que m’abellia. Ja fa temps, uns dotze anys, que no isc a la festa. L’última vegada ho vaig fer amb la filà “Gran Capitán”. Després em vaig allunyar de la festa, encara que sempre m’ha agradat vore-la i m’ha emocionat. Enguany l’emoció ha sigut major, al vore els meus cosins com a capitans i la filla d’un d’ells com abanderada dels Flamencos. Tenia ganes de vore’ls, esperava emocionat el seu pas i m’emocionava molt més al vore’ls desfilar. Vore la festa des d’esta nova perspectiva m’ha agradat, m’ha fet disfrutar-la més.

Des de menut ja havia viscut la festa de moros i cristians d’una manera que podríem dir completa: he vist els dissenys dels trages, els bordats, cosir-los, és a dir, tot el procés de fer un trage de festa. En casa ho teníem tots els anys, gràcies primer a ma mare i després a Alberto i la meua germana. He vist la festa des que comença a preparar-se mesos abans. Des de menut he eixit a la festa, de flamenco, clar que sí, gràcies sobretot a mon tio Eliseo. Jo crec que ell ens va fer flamencos a tots (i a algú guanyant l’última batalla com el Sit). Després, per circumstàncies de la vida, i perquè un va prenen decisions que l’allunyen del seu poble, vaig anar separant-me de la festa, encara que vaig poder estar en ella d’altra manera. Ara em costaria tornar a eixir; però això no em lleva que puga disfrutar-les veient els familiars i amics desfilant i recordant eixes persones que em van fer mamar la festa des de dins i que ja no estan entre nosaltres. Crec que són totes eixes experiències acumulades les que em permeten continuar disfrutant d’estos dies tan intensos que hem viscut a Petrer.

Enhorabona a Javier, Alberto, Ana i Carla, i a tots els que vos han acompanyat estos dies. Entre tots aconseguiu que la festa continue i que cresca en solemnitat i bellesa.

La elegancia del erizo

Acabe de llegir “La elegancia del erizo”, de Muriel Barbery. Conta la història d’una portera d’un edifici de Paris on viuen famílies riques. La portera és una persona intel·ligent que, sense més instructor que la pròpia curiositat, ha anat formant-se, apropiant-se de la cultura i fent-se una manera de pensar. Però en tot moment intenta mantindre el seu coneixement amagat baix el paper de portera. El llibre recull les seues reflexions; les seues i les d’una xica de 12 anys que està decidida a suicidar-se, perquè la vida no té sentit per a ella. Es tracta d’una xica amb una intel·ligència superior a la resta.
El llibre està ple de reflexions filosòfiques. Però, al meu parer, la part central es queda pràcticament sense història i es reduix a trasmetre una reflexió darrere l’altra. Té algunes frases ingenioses i en l’última part recupera el ritme narratiu.
Ho he passat bé llegint-lo; però reconec que tanta reflexió pot resultar un poc pesada. Recomanable, però no obra maestra. Resulta recomanable sobre tot per a qui l’agrade subratllar o copiar frases interessants.

10.000 B.C

Anit vaig vore esta pel·lícula. La veritat és que esperava molt més d’ella; esperava, especialment, que tinguera algun interés antropològic. Al principi hi ha una cacera de mamuts que em va enganxar. Però després la pel·lícula es centra en l’aparició i el segrest d’una xica, la persecució als capturadors, el compliment d’una profecia, una història d’amor… elements molt gastats que provoquen la sensació de cosa ja vista. Bé per a passar una estoneta, però no molt més. En resum: un tant decepcionant.
By presocratics Posted in General Etiquetat ,

La masai blanca

Ahir vaig vore la pel·lícula “La masai blanca”, de Hermine Huntgeburth (2005). Conta la història d’una turista que decideix quedar-se a Kènia amb un masai, membre d’una tribu de pastors. Narra el conflicte entre els seus sentiments i els costums i idées que troba al poblat. Està bé per a plantejar qüestions sobre les diferències culturals, fins a quin punt es poden suportar o comprendre. A banda del idioma, ¿hi ha diferències entre les formes d’entendre la vida que fan impossible l’enteniment entre persones de cultures diferents?

Una altra cosa interessant és que, en este cas, l’extranger és l’occidental, l’europeu. Normalment veiem les diferències culturals com a grup majoritari, però ¿què passa quan nosaltres som la minoria? ¿Podem imposar les nostres idées o els nostres costums?

Totes estes preguntes se les ha fetes l’antropologia cultural i la filosofia, però interesa que cadascú intente respondre-les per sí mateix.

Aconselle vore la pel·lícula a qui estiga interesat en estos temes.