¿Por qué no interesa la ética?

A algunos parece que no les interesa la ética. O les interesa que los demás no la tengan en cuenta (que todo puede ser). Ya en otras entradas hemos hecho alusión a ese empeño por quitar la ética y la filosofía de los planes de estudio (¡Que quiten ya la filosofía! y El Estado justo). En honor a todos los empeñados en tan “honorable” tarea, ahí va otra viñeta.

cerdos y etica

Amor bajo el espino blanco

Hacía más de dos meses que no escribía en el blog; y eso que no han faltado ocasiones: una huelga, varios libros, películas, una conferencia (sobre la cual intenté hacer una entrada, pero no la acabé), la celebración de la Navidad… Es que, aunque no lo parezca, hacer una entrada en el blog supone tiempo para pensar, escribir y releer lo escrito (al menos para mí lo supone), y tengo que sentirme bien para intentar escribir bien. Ahora, una película, como en otras ocasiones, puede servir de motivo para escribir un poco.

“Amor bajo el espino blanco” nos cuenta la historia del amor entre dos jóvenes. Zhang Yimou nos la presenta en el marco de la revolución cultural china. El miedo a ser descubiertos es permanente. El padre de la chica está preso por tener ideas de derechas. La chica está estudiando para ser maestra pero, tal como insiste su madre, debe tener mucho cuidado en no cometer ningún fallo que supondría la pérdida de sus estudios o de su futuro trabajo. Siendo hija de un disidente, tiene que demostrar continuamente lo agradecida que se siente por todas las oportunidades que le ofrece la revolución. Bajo esa presión, los jóvenes van acercándose, hablando, quedando para verse. A escondidas de la gente y de la familia. Después las cosas se van complicando.

La película se recrea en los planos cortos, en las miradas, en el tiempo (lento, lento, lento para mi gusto), pero con el cine chino, si no es de kung-fu, parece que no hay prisa. Y la historia, sin ser demasiado complicada, nos va metiendo poco a poco en la relación amorosa de los jóvenes. Hay momentos de duda, de respeto, de inquietud, de dolor… pero sin grandes manifestaciones emocionales, como muy contenido todo. Igual contada de otra manera daría para alguna lágrima que otra o igual a mí no me ha cogido en un momento especialmente sensible. Pero, sin ser muy llamativa, me ha gustado y entretenido. Eso sí: hay que mirarla sin prisa (son dos horitas).

Sólo es el principio

¿Pero a quién se le puede ocurrir hacer un documental sobre un grupo de niños que asisten a clase en un aula de infantil? Y encima, ¿pretenden que paguemos por ello? Pues parece que sí. Pero, la verdad, no defrauda. ¿El resultado? Una película que se presenta muy sencilla, pero elaborada con la paciencia necesaria para acompañar a una profesora y su grupo de alumnos (que empiezan con 4 años) durante dos cursos.

Sólo es el principio, pero ¿el principio de qué? De caminar juntos, de pensar, de discutir, de cuestionar nuestras ideas, de indagar en el pensamiento, de dialogar como medio para descubrir la verdad, de hacer, en una palabra, filosofía, aunque sólo tengan 4 años. Los inicios no son fáciles, pero el resultado sí es sorprendente. Quizás no nos lo acabemos de creer, pero es una realidad, y el formato documental nos ayuda a descubrirla. Los diálogos son los que se producen entre los niños, guiados por su maestra. Y con sólo 3 o 4 años, son capaces de reflexionar sobre la pobreza, la libertad, el poder, el amor o la muerte.

Resulta también muy interesante ver cómo después los niños continúan los diálogos con los padres, cuestionando las cosas con ellos y dejándose cuestionar por ellos.

Hay poca teoría; nos la presentan en pequeñas dosis a través de los diálogos de las maestras. Pero fijándonos un poco, podemos reconocer cómo los niños van aventurando definiciones de conceptos abstractos, cómo argumentan desde la experiencia, cómo presentan razones, cómo cuestionan las opiniones de los demás, cómo la maestra ayuda a afianzar los significados alcanzados o a desvelar las posibles contradicciones, cómo ayuda a centrarse en el tema escogido… Son muchas cosas que van a apareciendo, filtrándose entre los diálogos de los niños.

Los franceses han tenido el valor de hacer de ese trabajo una película, pero también es una realidad en algunos lugares de España, donde, bajo la inspiración de los trabajos de M. Lipmann y A. Sharp, se viene trabajando en Filosofía para Niños, y donde se han ido creando proyectos propios, como es el caso del Proyecto Noria. Fue un gusto ver la película, acompañado por amigas y compañeras de trabajo, por personas interesadas en seguir buscando otras formas de educar y de ayudar a los niños y jóvenes a poner en marcha sus cabezas.

Hay momentos en que la película nos ofrece imágenes del barrio, de la escuela, al amanecer o anochecer, de personas que pasan… Hacen falta para reposar el contenido de los diálogos, para tomar conciencia del ritmo que van siguiendo los niños en su acercamiento a la filosofía, en definitiva, en su acercamiento a pensar por sí mismos de manera más crítica y, a la vez, en contacto con los demás.

No es una película común, pero no por ello resulta menos interesante. En Petrer, hemos tenido la suerte de contar con la única sala en la que se ha proyectado en la provincia de Alicante (habrá que hacer algo de publicidad, la proyectan en Cinesmax, Bassa el Moro), pero no sé lo que durará en pantalla. Creo que, para quienes se mueven en el mundo de la educación, resulta más que interesante.

Y aquí el enlace de cómo la presentaron en “Días de Cine”.http://www.rtve.es/alacarta/videos/dias-de-cine/dias-cine-solo-principio/1522243/

Las nieves del Kilimanjaro

Reestructuración en la empresa; momentos de despidos. Un sorteo: los que ganan, pierden. Los nombres que aparecen son los de quienes se tienen que ir a la calle. Entre ellos, el de la persona que va sacando los papeles y leyendo los nombres. Un sindicalista que podía haber evitado estar en la urna, pero para él eso habría sido un privilegio.

Treinta años casado. Los amigos le acompañan en la fiesta y le regalan un viaje a África y dinero para gastarlo. Sin trabajo, pero feliz en la compañía de su familia y sus amigos. Tranquilo porque sabe que, a pesar de todo, ha hecho las cosas como debía.

Michel es el sindicalista, ahora despedido; Marie Claire, su esposa; Raoul, amigo de la infancia, cuñado y compañero de trabajo y luchas sindicales; Denisse, hermana de Marie Claire. Disfrutan de una velada juntos, jugando a las cartas. De pronto alguien irrumpe en casa. Les golpean, les roban. Pero es mucho más que el dinero lo que se pone en juego, lo que se puede perder.

Toda una vida luchando por unos ideales y ahora, poco a poco, parece que empiezan a desmoronarse. Una lucha que ni siquiera tiene el reconocimiento de aquellos que disfrutan de sus logros. Aparecen reacciones que nunca podrían haber imaginado. Hacer lo correcto, lo justo y, sin embargo, tener la sensación de que algo queda pendiente. Hacer lo que todos harían, pero saber que está siempre a medio camino.

En un momento en que los ideales por los que han luchado son cuestionados incluso desde su familia, Michel y Marie Claire descubren que hay algo mucho más importante: las personas concretas a quienes afectan sus decisiones. Se sienten responsables, no porque vayan a solucionar el mundo, como igual pensaban que harían en otro momento, sino simplemente porque en ese momento son ellos dos los que están ahí, los que se encuentran con ellas.

No hay discursos ideológicos, salvadores, que nos dicen lo que hay que hacer, qué es lo correcto. Nos encontramos, simplemente, con dos personas que sienten cómo las grandes ideas han ido cayendo, y ahora piensan en las personas concretas que se han cruzado en sus vidas.

Hay seis o siete diálogos muy interesantes:

  • El de Marie Claire con un camarero (muy simpático). Cada situación requiere de una bebida.
  • El de Marie Claire con una madre que no quiere saber nada de sus hijos (muy duro). Cuestiona lo que pensamos que debe hacer una madre que no quiere serlo.
  • Dos de Michel y el ladrón, donde se cuestiona hasta qué punto los demás reconocen o siquiera se interesan por aquello por lo que Michel ha luchado.
  • El de Michel y Marie Claire sobre sus ideales, sus luchas y su situación actual.
  • El de Michel y Raoul, donde se cuestiona si, cuando los problemas nos tocan directamente, estamos dispuestos a mantener la forma de actuar que en otros momentos considerábamos correcta.
  • El de Michel y Marie Claire con sus hijos, donde se cuestiona qué ha quedado de sus luchas del pasado y a qué viene ahora intervenir en una situación que no  debería afectarles.

No he podido dejar de relacionar la película con dos libros: el de Irene Comins “Filosofía del cuidar” y, más intensamente, con “Ética de la compasión” de Joan Carles Melich. La Ilustración fundó la ética sobre la razón y los derechos humanos. Necesarios, pero a veces insuficientes; sobre todo, cuando las personas son tratadas como realidades abstractas y no como seres de carne y hueso que nos interpelan desde el mismo momento en que se cruzan con nosotros. Y no vale preguntarse por qué me ha tocado a mí, por qué tenía que estar yo en ese momento. Y la pregunta no es quién debe hacer algo, sino qué puedo hacer yo. Y la respuesta no se plantea desde ideas abstractas, sino desde las necesidades particulares del otro.

Esto último me ha quedado un poco desgarbado, pero invito a ver la película y leer alguno de estos libros (al menos en parte). Después de ver la película, con la que además lo he pasado bien, vuelve a aparecer ese sentimiento de que se puede ser mejor y que no es un trabajo absurdo ni inútil, sino que vale la pena. No está mal, acabar una película o un libro, con ganas de mejorar.

Si alguien quiere ver un comentario bastante diferente, puede ver la crítica de Sergi Sánchez en la Razón: Guediguián y la mala conciencia. Igual hay que proteger la conciencia para que no nos afecten las consecuencias de las decisiones que tomamos. Igual hay que pensar que no somos responsables prácticamente de nada, que siempre hay una causa impersonal para vivir así tranquilos. Sí, mejor no tener mala conciencia o, ya puestos, no tener conciencia. La cinta no ofrece un discurso fácil de buenos y malos, ni de personas que tienen siempre claro lo que deben hacer.

Un poco de serenidad, por favor.

Hoy he estado en la manifestación de Alicante. Había mucha gente. Reconozco que no sé cómo calcular cuántos. Mañana, sindicatos y policía se encargarán de dar cifras muy dispares, como ha ocurrido en todas las manifestaciones. Allí había algo más, bastante más que funcionarios. Y es que este Gobierno, apoyado en todo momento por su partido y su mayoría absoluta, ha conseguido cabrear a mucha gente.

Esta mañana el ministro Montoro insistía en que los recortes (aunque no los llamen así) son necesarios porque no hay dinero. Ni hay dinero para pagar las nóminas de los funcionarios, ni va a haber (si siguen las cosas así) para mantener los servicios públicos. No ha especificado cuántos ni cuáles.

Como me decía mi compañera de trabajo, si en una casa el padre dice que no hay suficiente dinero y tienen que privarse de ciertas cosas o apechugar entre todos, la gente se calla y lo hace. Lo que no entenderían es que, después de decir esto, el padre gastara en cosas inútiles lo que quedaba. No sé si este Gobierno ha derrochado. Quiero creer que no; aunque su partido lo ha hecho de sobra en algunos sitios donde ha gobernado. Pero los políticos, como grupo, como clase o, mejor, como casta, parece que todavía no se privan de nada. Sus palabras, cuando todavía mantienen todos sus privilegios, suenan huecas; nos parecen carentes de autoridad para pedir sacrificios a nadie. Podemos entender que, si no hay dinero, haya que ajustarse, renunciar a muchas cosas e incluso imponer recortes; pero no podemos entender que estos recortes se apliquen sólo a una parte de la sociedad. Entre los que nos manifestábamos, había un poco de todo. Algunos entenderíamos ciertos recortes en nuestros derechos y nuestro sueldo; entendemos que la cosa está mal. Lo que no entendemos es la falta de ejemplo (y no lo digo como una cuestión moral) de quienes se sienten autorizados a imponer dichos recortes.

¿Y qué ejemplo esperaría? En primer lugar, que se apliquen los mismos criterios de desempleo y pensiones que exigen al resto de trabajadores, sin cotizaciones exprés ni nada parecido. Que la ley, ya que son ellos quienes pueden modificarla, sea igual para todos.

En segundo lugar, que no aprovechen los subterfugios de la ley para cobrar ayudas que no les corresponden. Critican y señalan con el dedo a trabajadores que trabajan mientras cobran el desempleo o a empresarios que defraudan a Hacienda (cosas que habrá que perseguir, por supuesto); pero ellos cobran ayudas por alquileres que no necesitan o por kilometraje que no cubren. Viven en Madrid en viviendas propias y cobran como si tuvieran que desplazarse 300 o 400 kilómetros todas las semanas.

En tercer lugar, que se empeñen por extirpar de entre sus listas a quienes han utilizado sus cargos políticos para enriquecerse, colocar a sus familiares o amigos, y hacer todo tipo de chanchullos. En lugar de empezar a decir que es todo un montaje de la oposición, que colaboren con la justicia para esclarecer los hechos y las responsabilidades. En lugar de decir que no es momento para comisiones de investigación (que dicho sea de paso, no tienen ningún valor penal), deberían facilitar las investigaciones judiciales.

Por último, que muestren sensibilidad ante las personas a quienes afectan sus decisiones. Espectáculos como el que dieron, unos y otros, en el Congreso sólo ayudan a que la gente se enfade más y entienda menos. Todo el lío montado con la Sra. Fabra ha venido muy bien para que la gente se preocupara más por esta señora que por los recortes que se estaban anunciando. De alguna manera, ha servido de pantalla protectora. La gente hablaba de Andrea Fabra, al menos en facebook, y no de Rajoy, que era quien estaba recortando. Pero a la vez, ha cabreado mucho a mucha gente. El espectáculo de los aplausos, de los gritos, hace que la gente desconfíe más, si cabe, de los políticos. Nos hace pensar que no se toman en serio nuestro bienestar ni nuestro futuro. Nos anima a percibirlos como una casta que gobierna, pero que se sitúa por encima de la ley y de las decisiones que nos imponen. Si a esto le añades el magnífico currículum de imputaciones que presenta su padre y la chulería con que se enfrenta al público, ¿cómo no nos vamos a cabrear? Son ellos mismos, los políticos, de unos y otros partidos, los que han alimentado el malestar de tantos ciudadanos.

Todo esto sin entrar a discutir si las decisiones que han tomado van a ser efectivas o no. Todo lo que decían que no había que hacer, lo están haciendo. Todos los argumentos que utilizaron contra el gobierno anterior, serían ahora aplicables a ellos. Pero eso va más allá de lo que yo llego a entender. Hay muchos que dicen que hay otros sitios de los que se puede recortar. A mí, en principio, me bastaría con que empezaran a recortar sus privilegios y a pedir responsabilidades políticas y penales a quienes han utilizado el dinero público en su propio beneficio. Igual así empezaba a creerles.

Me ha quedado largo. No hay aquí ironía. Igual es un síntoma de cansancio. Tampoco hay nada original; todo esto lo hemos oído y leído muchas veces. Me entristece pensar que con las manifestaciones, como antes con las huelgas, igual no conseguimos nada. Me bastaría con que, antes de empezar a atrincherarse en que la oposición quiere ganar en la calle lo que no ha ganado en las urnas y cosas semejantes, los gobernantes entendieran que hay mucha gente que no está de acuerdo con lo que hacen ni en cómo lo hacen. Y que tienen la obligación de hacerse entender ante estas personas, que, a fin de cuentas, son los ciudadanos a los que tienen que servir.

Padre e hija

Algunos enlaces de interés:

El espectacular Spiderman

Hoy ha tocado cine. Ya podéis adivinar la película con el título de la entrada, además en 3D. La historia es de sobra conocida, tanto por los cómics, la serie de dibujos, como la anterior serie de películas. Cuando era un adolescente (y de eso ya han pasado bastantes años), era un lector asiduo de cómics, sobre todo en verano. Spiderman no podía faltar, como los 4 Fantásticos, Thor, el Hombre Enmascarado, el Príncipe Valiente, el Motorista Fantasma, Flash Gordon, Superman, Rip Kirby, Hazañas Bélicas, Big Ben Bolt… y alguno que se me habrá quedado oculto en la memoria. Igual cuando me haga más viejo empiezo a recordarlo, por aquello de recordar cosas muy pasadas.

De Spiderman ya habían hecho una trilogía en cine y, con esta película, vuelven a los orígenes del superhéroe. Las otras películas las había visto incompletas, como de pasada, cuando las emitieron por TV. Pero ha valido la pena ir al cine. La historia, si te gustan las historias de superhéroes, no defrauda.

Evidentemente hay muchos efectos especiales, pero se entra en la película muy bien. De hecho, lo menos creíble para mí es que Gwen Stacy, la novia de Peter Parker, tenga sólo 17 años (no cuela). Y, por supuesto, luchas contra malvados, si no, no sería un superhéroe digno de mención.

Hay algunas llamadas a la reflexión: a la responsabilidad sobre nuestros actos y decisiones; a la responsabilidad por los dones que hemos recibido; a la bondad. El tío Ben, quien debe hacer las funciones de padre, tiene que recordárselo al joven Peter Parker. En toda la película subyace el tema del poder y su uso: Peter es llamado a usarlo en bien de los demás, para protegerlos, mientras que el Dr. Curtis Connors lo usa en su propio bien, al principio, pero pierde el control sobre él y se convierte en una herramienta de destrucción. El poder puede usarse de muchos modos, pero no deja de ser una herramienta peligrosa. En una de las películas anteriores (la 3 de la saga anterior), el mismo Spiderman experimenta la capacidad destructiva de su poder. Al final, con algunos guiños al público adolescente, como la relación con Gwen, uno sale del cine con la sensación de que es bueno ser bueno. Hay mucha maldad en el mundo, pero vale la pena obrar bien y cada uno es responsable de mejorar el mundo que le envuelve en la medida de sus posibilidades, aunque no podamos ir tirando tela de araña por ahí (que hay que ver qué cochino queda todo después) y columpiándonos entre rascacielos.

Al final nos encontramos en una clase sobre literatura de ficción. La profesora lanza una idea: según determinado autor, existen diez tipos de tramas en la literatura de ficción. La profesora replica: en realidad sólo hay una trama, la cuestión de quién soy yo. Los superhéroes, a su manera, nos interpelan: tú, ¿quién eres? ¿qué puedes hacer? E incluso, por momentos, nos hacen sentir que podemos ser mejores.

Y ahora que nadie me oye (o me lee), he de confesar que ha habido tres o cuatro momentos en que me he emocionado (aunque no ha llegado a escaparse ninguna lágrima, pero ha faltado poco). Y no han sido los momentos del enamoramiento entre Peter y Gwen, sino las llamadas a la responsabilidad y la bondad. A su manera, el cine enseña más ética que muchos libros.

Cabe otro tipo de lectura, más crítica con este tipo de cine. Como casi todos sabemos, los superhéroes tenían una especial atracción por los Estados Unidos (todos van a parar allí, incluso Thor, que podría haberse presentado en Suecia o Noruega para sentirse como en casa). Al final parece que es bueno que haya alguien con un poder especial, pero que sea de los nuestros. ¿Por qué? Porque los otros, los malos, también pueden acceder a determinados poderes y puede ser necesario pararles los pies. No sé si tanto superhéroe tiene algo que ver con la época de la guerra fría, con la necesidad de armarse más y mejor, de tener poder en nuestras manos (en este caso la de los americanos), no sea que los enemigos se adelanten. No lo sé, pero el paralelismo no parece desbocado. A fin de cuentas, esa forma de pensar está detrás de algunas intervenciones militares. Los países que más arsenal atómico tienen, se sienten con el derecho a hacerle la guerra a otros países que podrían crear armas atómicas. Nosotros tenemos un poder, pero somos los buenos; ellos son los malos, mejor que no tengan siquiera la posibilidad de crearlo. Ya digo: este paralelismo se me ha ocurrido después y no sé hasta qué punto hace justicia a la intención (consciente o no) de quienes se dedicaron  a crear estos seres fantásticos. Con todo, sin perderme en estas comparaciones, la película me ha gustado mucho. Y el cine, sobre todo, está para entretener.

Aplausos y mayorías

Está bien eso de apoyar al líder cuando tiene que tomar decisiones difíciles (pobrecito), pero no era el momento ni la forma, teniendo en cuenta que las medidas que tomaba afectan notablemente a muchas personas (con muchas más dificultades que su pobre líder). ¿Que había que replicar a la oposición? Un poco de talla política, por favor, que se trata del bienestar y el futuro de muchas personas.

Alfonso Alonso justifica los aplausos a Rajoy.

Andrea Fabra replicaba a los socialistas.