La prueba

Anoche vi “La prueba”, una película con algunos años (es de 1991), dirigida por Jocelyn Moorhouse. En ella Martin (Hugo Weaven), ciego de nacimiento, se dedica a fotografiarlo todo. Casualmente se encuentra con Andy (Russell Crowe), que trabaja como freganchín en un bar. Martin le pide que le describa todo lo que ve en las fotos, con la condición de que siempre le diga la verdad. El camarero cumple con su palabra, excepto en una ocasión. Cuando Martin descubre la mentira, le echa en cara que a partir de ahora ya no podrá confiar en él, pues  no sabrá si le dice la verdad o no. Andy le contesta que no puede saberlo; todos mienten, aunque no todo el tiempo, las cosas son así.

Martin ha vivido obsesionado con la idea de que su madre le mentía cuando le describía lo que se veía desde la ventana de su casa. Ha buscado una prueba definitiva que le garantice la verdad; pero esa garantía total no existe. Cuando hay otras personas por medio, siempre tiene que haber una margen para la duda y para la confianza. No podemos estar absolutamente seguros de todo lo que recibimos de los demás. Como mucho podemos confiar en que la mayor parte de cuanto nos dicen es verdad; pero no podemos exigirles una sinceridad absoluta, pues son también personas, en las que sus emociones, sus sentimientos, se entrecruzan con su forma de ver la realidad y con sus deseos de expresarla tal como la ven.

La actitud de Martin recuerda a Descartes, con su duda metódica y su deseo de encontrar una evidencia inconmovible que dé soporte a todos sus conocimientos. Descartes encontró esa evidencia en el “cogito, ergo sum“, pero se encontró solo con su descubrimiento. Para poder abrirse al resto de la realidad, tuvo que confiar en otro, en el ser más perfecto que cabe pensar, para que vinculara sus pensamientos con la realidad. Con el ser más perfecto, Descartes cree evitar la debilidad que presenta Andy en la película: el ser más perfecto no tiene necesidad ni deseos de mentir.

Nosotros no podemos salir de la duda. Siempre habrá un margen para ella, margen que debe suplirse mediante la confianza. Sólo una pequeña parte de nuestros conocimientos hemos podido verificarlos personalmente. El resto, lo hemos recibido de otros. Y esa certeza absoluta desaparece sobre todo en las cuestiones que nos resultan más importantes, las de nuestras relacones personales. Es la confianza que nos merecen las personas, las que sustentan nuestras certezas. Pero no podemos exigirles una sinceridad absoluta. Es posible que, como Andy, en algunos momentos necesiten mentirnos para protegernos. No lo sabemos, sólo podemos confiar en ellas.

Una película interesante. Aparece otro personaje, una mujer, cómo no. Pero vale la pena dedicar un tiempo a ver una película diferente.