Infancia, educación y filosofía

He acabado la lectura del libro “Infancia. Entre educación y filosofía“, de Walter Omar Kohan (Laertes 2004). Conocía a Walter O. Kohan en un encuentro de Filosofía para niños que se celebró en El Escorial. Él dirigía uno de los talleres. Su posición, tal como aparece en este libro, difiere del programa Filosofía para niños, de Mathew Lipmann.

Kohan plantea que se ha visto la infancia desde la perspectiva del adulto, como un tiempo de preparación para ser adultos y algo pasajero. Él quiere presentar otra imagen de la infancia, que obligue a repensar la educación y la filosofía. El problema para mí es que tiene que reconocer que ese otro tipo de pedagogía y de práctica de la filosofía no cabe en el sistema educativo, en realidad, no cabría en ningún sistema. La conclusión resulta un tanto desesperanzada.

Al menos, la lectura me ha servido para plantearme una vez más qué sentido tiene nuestro trabajo. En realidad no tengo muy claro si la escuela no se ha convertido, o quizá siempre lo ha sido, en una institución para formar buenos ciudadanos (¡es lo que pretendía Platón!). Pero igual de ese modo olvidamos qué significa realmente ser niño y lo reducimos a un período de tránsito, del que hay que salir, para convertirse en un adulto medio, normal, que acepta las reglas del juego, que es capaz de pensar y razonar según una pautas preestablecidas.

Esta es una de las críticas que Kohan dirige al programa de Filosofía para niños. La cuestión para mí es si podemos educar sin tener un objetivo concreto, un modelo que pretendamos conseguir. Pero al tener un modelo, la iniciatia personal, la creatividad, la singularidad, se tienen que sujetar al mismo. En realidad, ¿podemos prescindir en el sistema educativo de formar buenos ciudadanos? Pero al hacerlo, ¿no estamos imponiendo un determinado modelo que tiende a igualar a las personas, a someterlas a lo común y lo políticamente correcto? Hace ya bastantes años, escuché a uno de mis profesores que educar era ayudar a sacar a la luz las capacidades que cada uno tiene. No sé si eso sigue vigente en el sistema educativo. Tendemos a valorar lo igual, lo común, lo que se sujeta a la norma; tendemos a ver la educación como una transmisión de contenidos y entendemos el aprendizaje como la adquisición de unos contenidos previamente aceptados, regulados e impuestos por la sociedad. ¿Dónde queda la creatividad? ¿Y la iniciativa personal? ¿dónde la ruptura? Educamos para formar a los ciudadanos del futuro. Lo mismo que pensó Platón hacer 25 siglos, pero su proyecto político nos parece autoritario. Igual estamos ante los mismos perros pero con distintos collares; igual la sociedad actual tiende a hacernos iguales, aunque con métodos que nos parecen menos perversos. A este respecto es interesante la referencia que Kohan hace a Foucault y su crítica del poder y las instituciones.

Recomiendo la lectura del libro. Podéis encontrar un resumen del mismo pulsando aquí.